martes, 15 de julio de 2008

Segundo Obispo: 1563 - 1583 - Fray Pedro de la Peña Montenegro, OP

Fray Pedro de la Peña Montenegro, nació en Covarubias, Castilla la Vieja, y fue hijo legítimo de Hernán Vásquez e Isabel de la Peña.
Se desconocen sus primeros años pero ingresó a la Orden Dominicana en el Convento de Burgos y profesó el 3 de Marzo de l.54O. Hallábase en el célebre Colegio de San Gregorio de Valladolid cuando pasó el Virrey Luís de Velasco y se lo llevó consigo a América en l.55O, tomándolo por su director espiritual en atención a sus muchas letras y virtudes.
Primero estuvo en México y fue catedrático de Prima de Teología en esa Universidad, con fama de teólogo profundo y predicador distinguido, ocupando en su Orden los cargos más honrosos, entre otros, el de Provincial, y por comisión del Virrey fue Visitador de Nueva Galicia.
Realizó dos viajes a Europa. El primero, para asistir al Capítulo General de la Orden celebrado en Roma y el segundo como Procurador para gestionar diversos asuntos en la Corte, y como el Rey Felipe II se hallaba en Londres, hasta allá viajó para entrevistarse con él.
El 28 de febrero de l.563 fue designado segundo Obispo de Quito, por breve del Papa Pío IV, en reemplazo de Garci Díaz Arias que había fallecido. Al llegar a Madrid, fue preconizado por el Arzobispo de Santiago de Compostela. Viajó a las Indias, arribó a Guayaquil y dió poderes al Presbítero Martín Fernández de Herrera el 65, para que se posesionara del obispado en su nombre.
Meses después entró en Quito y dictó acertadas medidas administrativas, promulgó los decretos del Concilio de Trento que señaló las directivas de la vida de la iglesia no solo en su formación interna sinó en los medios del apostolado.
El 67 concurrió al II Sínodo Provincial convocado en Lima por el Arzobispo Fray Gerónimo de Loayza, donde se pusieron en práctica las decisiones del Concilio y se formularon las constituciones para organizar los gobiernos de los diócesis de América del Sur.
El 68 hizo la distribución de Parroquias y Doctrinas entre sacerdotes seculares y religiosos para el mejor servicio de los fieles. Otra de sus preocupaciones fue la creación de un Seminario para resolver la escasez de clero y brindó a los estudiantes del Colegio de San Andrés todas las facilidades para formarse en un ciclo de estudios filosóficos y teológicos bajo la dirección del franciscano Fray Alonso Gasco, a quien había conocido y tratado en Castilla y había tenido alumnos en Lima, Los cursos se dieron por espacio de tres años en el interior de la iglesia Catedral y a ellos solían concurrir sacerdotes, superiores de las Ordenes con sus coristas, los seminaristas, algunos seglares y también el Obispo en persona para dar ejemplo. A petición general se estudió el Tratado de los Sacramentos alternado con casos prácticos de conciencia, en cuya resolución intervenían todos, como en círculo de estudio. De este ensayo de Seminario procedieron todos los sacerdotes criollos. Por eso se ha dicho que Monseñor de la Peña es el organizador de la Diócesis de Quito, pues estuvo en todos sus aspectos materiales y espirituales y hasta fundó el Convento de Monjas de la Concepción. Mas , dado el carácter intemperante del Presidente de la Audiencia Lic. Hernando de Santillán, pronto entró en polémicas con él y con el padre Juan Cabezas de los Reyes, Guardián del Convento de San Francisco, hombre docto que terminó siendo alejado de la capital.
En lo cultural el Obispo de la Peña fundó dos cátedras, una de Gramática Latina y otra de Teología Moral, también fundó el segundo Hospital que tuvo la ciudad de Quito y que llamó de la Misericordia de Nuestro Señor, para lo cual adquirió las casas del español Pedro de Ruanes y fundó la Cofradía o Hermandad de Caridad con españoles e indios, pero no tuvo suerte con los Canónigos ni con los religiosos de San Francisco que le hicieron contra.
Vuelto a Quito y decidido a redactar el primer Cuerpo, celebró el 7O un Sínodo Diocesano que dispuso la extensión de la instrucción a todos los pueblos de la Diócesis , ordenó que Curas y Frailes doctrineros eligieran de común acuerdo con los indios, los sitios apropiados para levantar las iglesias requeridas en las funciones religiosas y las escuelas donde debían reunirse a los muchachos para enseñarles la doctrina mediante la cooperación de uno o dos indios ladinos hijos de Caciques.
Esta orden, aclara el historiador contemporáneo Padre José Maria Vargas, OP, se refería mas bien a la organización de Centros catequísticos, para lo cual se echaba mano de los indios preparados en el Colegio de San Andres, por ser el único existente en la sierra ecuatoriana. Prohibió que los Párrocos administrasen sacramentos a los que no eran sus feligreses, lo que ocasionó un grave escándalo, pues el Escribano de Cámara de la Audiencia , Bernardino de Cisneros, le notificó en la calle una resolución de dicho Tribunal, oponiéndose y como el Obispo le contestara que le deje ir a decir misa, el Escribano sacó la espada y poniéndosela al pecho, le dijo que los Ministros del rey a nadie tenían que guardar miramientos y al ser apelada esta orden, el Rey Felipe II, siempre tan interesado hasta en los asuntos más nimios, le dió la razón al Obispo
El 72 disputó con los frailes pues, para impedir que continuaran los Encomenderos en sus vejámenes a los indios, les amenazó con no darles la absolución. El Jueves 8 de Septiembre de l.575 erupcionó el volcán Pichincha con terrible violencia, ocasionando durante casi un año, contínuas pérdidas. El 76 asistió al III Sínodo Provincial del Perú y habiendo fallecido el Arzobispo le correspondió presidir el Auto de Fe del l3 del Abril de l.578, realizado por los Dominicanos de Lima para enjuiciar a Fray Francisco de la Cruz y varios cientos de sus seguidores.
Concurrió al III Concilio convocado por el santo Arzobispo Fray Toribio de Mogrovejo, pero arribó con dos meses de retraso y tras asistir a algunas sesiones, sintiéndose súbitamente cansado, presentó la renuncia al obispado de Quito y pidió una plaza de Inquisidor del Tribunal de Lima, pero falleció el 7 de Marzo de l.583 de más de ochenta años de edad, dejando como heredero de todos sus bienes a la Inquisición , para que con dicho dinero se compusiera la cárcel de ella.
También dejó establecida una Obra Pía en Covarubias para beneficio de sus deudos y una Capellanía de Misas por sus almas y el buen acierto de los Inquisidores de por allá. Fue enterrado en la iglesia de la Merced pero años después le trasladaron a la remodelada Capilla de la Inquisición.

1 comentario:

Luis MF dijo...

Me parece que hay que quitar "Montenegro" pues crea confusión entre el segundo obispo de Quito, Fray Pedro de la Peña (1520-1583), y el obispo de Quito posterior, Alonso de la Peña y Montenegro (1596-1687).