sábado, 19 de julio de 2008

La Catedral y el Palacio del Obispo en la Plaza Grande

FOTO - Vista del lado norte de la Iglesia Catedral de Quito como se encuentra en la actualidad, después de las modificaciones sufridas tras los terremotos de 1797.
El Templete de Carondelet es de 1807.

La Plaza de Armas tiene del lado Sur la Iglesia Catedral.
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FOTO: Actual Palacio Presidencial de Ecuador. Al fondo del lado derecho se ve la parte superior de la fachada de la iglesia del Monasterio de la Concepción. Al lado izquierdo de la columnata fue martirizado el Presidente Don Gabriel García Moreno, cayendo hasta la calle pues no existían los balcones de hierro actuales.

La Plaza de Armas tiene al lado Oeste el Palacio Presidencial, antigua Real Audiencia de Quito.
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La Plaza Grande tiene al lado Norte el actual Palacio Arzobispal, que se encuentra en el mismo lugar desde el siglo XVII, sobre la actual Calle Chile, esquina con la actual Calle Venezuela [Foto de la derecha].
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Al lado izquierdo de quien mira la foto del Palacio Arzobispal hay tres edificios con comercios. Donde se ven las banderas en los balcones es la residencia oficial del Alcalde de Quito. En la esquina esta el Hotel Magestic, recientemente restaurado, que hace esquina con la actual Calle de García Moreno [antiguamente llamada Calle de las Siete Cruzes, por causa de los Conventos e Iglesias que sobre ella existen]. Atravesando la Calle Garcia Moreno se encuentra la Iglesia del Monasterio de La Concepción.
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FOTO de una pintura en que se aprecia el edificio antiguo del Cabildo Civil de Quito. Atrás, del lado izquierdo, se puede ver la Torre de la Iglesia y Convento de los Agustinos. Este edificio fue demolido para construir un edificio moderno, sin estilo, que desentona con toda la belleza del conjunto arquitectónico de la Plaza Grande.
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La Plaza Grande tiene al lado Este las Casas Consistoriales
donde antiguamente estaba el Ilustre Cabildo de la Ciudad de Quito.

jueves, 17 de julio de 2008

Primer Obispo: Don Garci Díaz Arias

Se encontraba en Lima por ocasión del asesinato de Francisco Pizarro.
Fue nombrado Primer Obispo de Quito el año
Fue Consagrado Obispo en la Catedral del Cuzco, por
Llegó a la Villa de San Francisco de Quito en
Dió inicio a la construcción del Primer Templo Catedralicio
Su residencia oficial se encontraba atrás de la catedral, sobre la actual Calle Venezuela.

martes, 15 de julio de 2008

Segundo Obispo: 1563 - 1583 - Fray Pedro de la Peña Montenegro, OP

Fray Pedro de la Peña Montenegro, nació en Covarubias, Castilla la Vieja, y fue hijo legítimo de Hernán Vásquez e Isabel de la Peña.
Se desconocen sus primeros años pero ingresó a la Orden Dominicana en el Convento de Burgos y profesó el 3 de Marzo de l.54O. Hallábase en el célebre Colegio de San Gregorio de Valladolid cuando pasó el Virrey Luís de Velasco y se lo llevó consigo a América en l.55O, tomándolo por su director espiritual en atención a sus muchas letras y virtudes.
Primero estuvo en México y fue catedrático de Prima de Teología en esa Universidad, con fama de teólogo profundo y predicador distinguido, ocupando en su Orden los cargos más honrosos, entre otros, el de Provincial, y por comisión del Virrey fue Visitador de Nueva Galicia.
Realizó dos viajes a Europa. El primero, para asistir al Capítulo General de la Orden celebrado en Roma y el segundo como Procurador para gestionar diversos asuntos en la Corte, y como el Rey Felipe II se hallaba en Londres, hasta allá viajó para entrevistarse con él.
El 28 de febrero de l.563 fue designado segundo Obispo de Quito, por breve del Papa Pío IV, en reemplazo de Garci Díaz Arias que había fallecido. Al llegar a Madrid, fue preconizado por el Arzobispo de Santiago de Compostela. Viajó a las Indias, arribó a Guayaquil y dió poderes al Presbítero Martín Fernández de Herrera el 65, para que se posesionara del obispado en su nombre.
Meses después entró en Quito y dictó acertadas medidas administrativas, promulgó los decretos del Concilio de Trento que señaló las directivas de la vida de la iglesia no solo en su formación interna sinó en los medios del apostolado.
El 67 concurrió al II Sínodo Provincial convocado en Lima por el Arzobispo Fray Gerónimo de Loayza, donde se pusieron en práctica las decisiones del Concilio y se formularon las constituciones para organizar los gobiernos de los diócesis de América del Sur.
El 68 hizo la distribución de Parroquias y Doctrinas entre sacerdotes seculares y religiosos para el mejor servicio de los fieles. Otra de sus preocupaciones fue la creación de un Seminario para resolver la escasez de clero y brindó a los estudiantes del Colegio de San Andrés todas las facilidades para formarse en un ciclo de estudios filosóficos y teológicos bajo la dirección del franciscano Fray Alonso Gasco, a quien había conocido y tratado en Castilla y había tenido alumnos en Lima, Los cursos se dieron por espacio de tres años en el interior de la iglesia Catedral y a ellos solían concurrir sacerdotes, superiores de las Ordenes con sus coristas, los seminaristas, algunos seglares y también el Obispo en persona para dar ejemplo. A petición general se estudió el Tratado de los Sacramentos alternado con casos prácticos de conciencia, en cuya resolución intervenían todos, como en círculo de estudio. De este ensayo de Seminario procedieron todos los sacerdotes criollos. Por eso se ha dicho que Monseñor de la Peña es el organizador de la Diócesis de Quito, pues estuvo en todos sus aspectos materiales y espirituales y hasta fundó el Convento de Monjas de la Concepción. Mas , dado el carácter intemperante del Presidente de la Audiencia Lic. Hernando de Santillán, pronto entró en polémicas con él y con el padre Juan Cabezas de los Reyes, Guardián del Convento de San Francisco, hombre docto que terminó siendo alejado de la capital.
En lo cultural el Obispo de la Peña fundó dos cátedras, una de Gramática Latina y otra de Teología Moral, también fundó el segundo Hospital que tuvo la ciudad de Quito y que llamó de la Misericordia de Nuestro Señor, para lo cual adquirió las casas del español Pedro de Ruanes y fundó la Cofradía o Hermandad de Caridad con españoles e indios, pero no tuvo suerte con los Canónigos ni con los religiosos de San Francisco que le hicieron contra.
Vuelto a Quito y decidido a redactar el primer Cuerpo, celebró el 7O un Sínodo Diocesano que dispuso la extensión de la instrucción a todos los pueblos de la Diócesis , ordenó que Curas y Frailes doctrineros eligieran de común acuerdo con los indios, los sitios apropiados para levantar las iglesias requeridas en las funciones religiosas y las escuelas donde debían reunirse a los muchachos para enseñarles la doctrina mediante la cooperación de uno o dos indios ladinos hijos de Caciques.
Esta orden, aclara el historiador contemporáneo Padre José Maria Vargas, OP, se refería mas bien a la organización de Centros catequísticos, para lo cual se echaba mano de los indios preparados en el Colegio de San Andres, por ser el único existente en la sierra ecuatoriana. Prohibió que los Párrocos administrasen sacramentos a los que no eran sus feligreses, lo que ocasionó un grave escándalo, pues el Escribano de Cámara de la Audiencia , Bernardino de Cisneros, le notificó en la calle una resolución de dicho Tribunal, oponiéndose y como el Obispo le contestara que le deje ir a decir misa, el Escribano sacó la espada y poniéndosela al pecho, le dijo que los Ministros del rey a nadie tenían que guardar miramientos y al ser apelada esta orden, el Rey Felipe II, siempre tan interesado hasta en los asuntos más nimios, le dió la razón al Obispo
El 72 disputó con los frailes pues, para impedir que continuaran los Encomenderos en sus vejámenes a los indios, les amenazó con no darles la absolución. El Jueves 8 de Septiembre de l.575 erupcionó el volcán Pichincha con terrible violencia, ocasionando durante casi un año, contínuas pérdidas. El 76 asistió al III Sínodo Provincial del Perú y habiendo fallecido el Arzobispo le correspondió presidir el Auto de Fe del l3 del Abril de l.578, realizado por los Dominicanos de Lima para enjuiciar a Fray Francisco de la Cruz y varios cientos de sus seguidores.
Concurrió al III Concilio convocado por el santo Arzobispo Fray Toribio de Mogrovejo, pero arribó con dos meses de retraso y tras asistir a algunas sesiones, sintiéndose súbitamente cansado, presentó la renuncia al obispado de Quito y pidió una plaza de Inquisidor del Tribunal de Lima, pero falleció el 7 de Marzo de l.583 de más de ochenta años de edad, dejando como heredero de todos sus bienes a la Inquisición , para que con dicho dinero se compusiera la cárcel de ella.
También dejó establecida una Obra Pía en Covarubias para beneficio de sus deudos y una Capellanía de Misas por sus almas y el buen acierto de los Inquisidores de por allá. Fue enterrado en la iglesia de la Merced pero años después le trasladaron a la remodelada Capilla de la Inquisición.

domingo, 13 de julio de 2008

Tercer Obispo: Fray Antonio Solier de San Miguel

No llegó a tomar posesión del Obispado.
Murió en Riobamba el 7 de noviembre de 1590.
Hubo en el Obispado de Quito un periodo de Sede Vacante prolongado.

viernes, 11 de julio de 2008

Cuarto Obispo: 1592 - 1605 - Fray Luis López de Solís, Agustino

Nombramiento: 18 febrero 1594
Entró en Quito el 15 de junio de 1594

Nació en Salamanca, España.
Sus padres Francisco de los Ríos y María López de Solís eran de noble condición.
Muy joven tomó el hábito agustino y profesó el 9 de Mayo de 1.553.
Hallándose en Cádiz en 1.558 con los demás padres destinados al Perú, ocupado en disponer las cosas necesarias para el viaje, mientras iba y venía de la posada a la playa, encontró a un hombre que pasaba por fisonomista, quien, mirándole fijamente, le preguntó:
- ¿Padre, a dónde es el viaje?
- A las Indias
- Pues no vaya a las Indias, váyase más bien a Roma y será Papa.
Riéndose, Fray Luis, le dijo: Yo soy un pobre fraile, así no tengo un solo cuarto conque pagar a Ud. por el pronóstico.
- Padre, veo que Vuestra Reverencia tiene cara de ser muy feliz y por eso juzgo que llegará a obtener la primera dignidad eclesiástica en el lugar adonde vaya. Como la mayor del mundo es la de Papa, le aconsejo que vaya a vivir en Roma, donde tengo por cierto que conseguirá.
Fray Luis despidióse del hombre, sin hacer ningún caso del pronóstico, que sin embargo se cumplirá al pie de la letra.
Llegando a Lima se ordenó de sacerdote, enseñó Filosofía en el recién creado Convento Agustino, después pasó a Trujillo donde se estableció la cátedra de Teología que leyó por varios años.
En 1.570 se graduó de Maestro. El 1571 fue electo Provincial de su Orden en el Perú por dos años y el 1587 volvió a serlo.
[El 1573 compró una casa y el Martes 9 de Julio se cambió en altas horas de la noche con toda la Comunidad y tomó posesión del local ante el Alcalde Ordinario Pedro de la Vega. Los religiosos de Santo Domingo y de la Merced pusieron pleito para arrojarles de su nuevo alojamiento y comprando una casa colindante se introdujeron allí a deshoras y asaltaron a aquellos, quitándoles la campana que ya tenían colocada, con otras violencias. La autoridad tuvo que intervenir para que los Dominicanos se retiraran a su Convento y los Agustinos extendieron sus dominios abrazando toda la manzana. El 1574 colocó la primera piedra del templo que hizo levantar con toda munificencia.]
En 1.557 fue el primer Catedrático asociado de Vísperas de sagrada Teología en la Universidad de San Marcos. Después ocupó los prioratos de Lima y Chuquisaca. El 1582 y el 1591 concurrió como Teólogo Diputado de los Concilios limenses reunidos por el santo Arzobispo Mons. Toribio de Mogrovejo.
El Rey Felipe II le presentó para Obispo de Río de la Plata y el Virrey Marqués de Cañete le envió de Visitador a la Real Audiencia de Charcas, donde ejerció con rectitud y probidad sus funciones, suspendió a un Oidor y multó a otros, después realizó una equitativa distribución de las tierras baldías enmendando las usurpaciones que descubría y arreglando con justicia los gravámenes, pero le acusaron en la Corte de favorecer a los indios.
El Virrey manifestó: "El Padre Fray Luis López de Solís es muy virtuoso; sin codicia y muy discreto para gobernar: buena letra, buena edad y mucha experiencia de las cosas de esta tierra".
Nuevamente en Lima, en 1.592 encontró las Bulas para el Obispado de Quito y marchó a esa Diócesis. En Trujillo fue consagrado por santo Toribio de Mogrovejo, que se hallaba en dicha ciudad practicando la Visita.
El 25 de Julio de 1.594 ingresó a Quito, predicó en contra de la recién concluida revolución de las Alcabalas a los frailes que habían participado en ella, reunió el primer Sínodo Diocesano el 15 de Agosto en la Catedral y comenzó la Visita de rigor, predicando en todos los pueblos hasta los confines de Loja con la ayuda de un Jesuíta conocedor de la lengua del Inca. El 1595 celebró el segundo sinodo Diocesano en Loja. (1)
Durante su obispado de doce años fundó cuatro parroquias y dos conventos de monjas costeando sus edificios, igual cosa realizó con el Seminario de San Luis que entregó a los Jesuitas. Estableció una Casa y Hospicio para mujeres, monasterios concepcionistas en Loja, Cuenca, Riobamba y Pasto. Inauguró una etapa de mayor tensión espiritual y de exigencia a Encomenderos y españoles.
En lo personal se había impuesto como regla invariable de vida vestir un sayal de lana tejida de negro que era su hábito y no tener en su casa sino a personas de virtud probada. Distribuía el tiempo levantándose antes del amanecer para rezar, asistía a los oficios, administraba las cuentas, recibía visitas siempre que fueran rápidas, almorzaba con gran parquedad, volvía a los Oficios, daba órdenes y disposiciones y se acostaba tarde después de otros rezos en su oratorio, por lo que dormía muy poco y casi no comía. En sus disciplinas corporales de sangre era riguroso y se las aplicaba por las noches y muy severamente. Los viernes se iba a pie al Santuario de Guápulo a celebrar misa los sábados de mañana. Caritativo con los pobres, solía dividir las rentas del Obispado entre las construcciones y ciertas ayudas al prójimo.
En 1.602 mantuvo competencias muy ruidosas con los Oidores de la Audiencia a causa de la lectura de la Bula de la Cena, así llamada porque era usual publicarla en Roma cada Jueves Santo y establecía gravísimas excomunicaciones a los que atentaban contra la jurisdicción eclesiástica o de cualquier manera perjudicaban a la iglesia, a las personas o cosas sagradas. Dicha Bula estaba aun en discusión en la Corte que había apelado ante el Papa y su aplicación en Quito fue por orden del santo Arzobispo de Lima, Mons. Mogrovejo.
A mediados de 1.605 fue ascendido al Arzobispado de Charcas y tuvo que salir de Quito a ocultas y sin que nadie lo advirtiese para evitar que la gente acudiera en tropel a despedirle. Dejó, sin embargo, como mejor recuerdo suyo, su sobriedad en todo y el trato especial demostrado en la protección e instrucción de los indios.
Castigo con justicia, rigor y severidad a los clérigos que habían participado en la revolución de las Alcabalas.
Arribó a Lima el 28 de Junio y se dirigió a su Convento donde le recibieron cantando un Te Deum, se aposentó en la misma celda que había ocupado antes, estaba con ciertos achaques de salud nada serios, pero presintiendo su cercano fin exclamó: "He aquí que moriré en mi propio nido" al séptimo día pidió el Viático y la Extrema Unción, tomó un Crucifijo y en fervoroso coloquio le rodaron gruesas lágrimas por la mejillas.
Finalmente dijo Jesús, Jesús y expiró en horas de la mañana del 5 de Julio, a los 72 años de edad. Fue sepultado con gran pompa y acompañamiento en su templo agustino, en una fosa común con sus hermanos que le habían precedido en el viaje definitivo, pues así lo había pedido, por eso no existe su tumba.
Días antes de su muerte le había llegado una carta del Duque de Lerma, válido del Rey Felipe III, en que le comunicaba haber pedido el Arzobispado de Lima para él. Un familiar le comentó que se cumpliría la profecía de Cádiz, pero Fray Luis replicó "Yo no iré al Arzobispado sinó al sepulcro".
Tuvo facilidad de expresión, su prosa fue clara y eficaz, animada por sentimientos fuertes y casi apasionados. Fue celoso por la verdad. Su carga emocional se traducía en devociones, trabajos y cólera.
Doctor, predicador, prudente, de ánimo esforzado para todo asunto del espíritu, gustaba construir templos y monasterios, en religión era cumplido, de gran ejemplo y severidad. Su fisonomía adusta, la delgadez de su cuerpo y la blancura de su tez, le daba una apariencia imponente pero dominaba a las personas con bondad aunque sin concesiones. Se conservan sus retratos en Lima y Quito.

NOTA (1) - Entre los 144 artículos del Sínodo, los hay relativos a la instrucción de los indios, Hernán Rodríguez Castelo ha opinado que el Obispo defendió a los indios ante el Rey Felipe II denunciando los agravios que padecían de parte de los Encomenderos.