lunes, 30 de junio de 2008

La Catedral de Quito

Poco tiempo después de fundada la Vila de San Francisco de Quito, el Cabildo Civil entregó al clérigo Rvdo. Juan Rodríguez --su primer cura-- un terreno en el costado Sur de la Plaza Mayor o Plaza Grande, para la construcción del Templo Parroquial, que no fue mas que una modesta estructura "... pequeña y de tapias cubierta de paja" (Nota 1). Esta construcción fue reemplaza años más tarde por la Catedral, una ver erigido el Obispado de Quito --el 8 de enero de 1545--, pues se vió la necesidad de construir un templo acorde con su nueva categoría eclesiástica.
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La Catedral fue construída y modificada en varias etapas. En la primera, entre 1562 y 1565 se la edificó "desde los simientos" bajo la dirección del Arcediano Pedro Rodríguez de Aguayo, quien en ese momento gobernaba la Diócesis en Sede Vacante, pues el primer Obispo --Mons. García Díaz Arias-- había fallecido sin que la obra hubiera avanzado.
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La Consagración del Templo la realizó el segundo Obispo de Quito --Mons. Fray Pedro de la Peña, OP-- en 1572, una vez que se terminó su decoración interior con el púlpito y retablos y se le proveyó de Imágenes, Vasos Sagrados y Ornamentos.
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El edificio se dispuso longitudinalmente, presentando su costado Norte a la Plaza Mayor debido a que por detrás del lote, dejando poca superficie, corría la llamada Quebrada de Sanguña, una de las más profundas de Quito. Esta Quebrada, precisamente, había sido buscada por los fundadores para conservar distancia con los indígenas y servirse de ella para defenderse.
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(Nota 1) - "La cibdad de Sant Francisco de Quito - 1573", Relación Anónima publicada en "Relaciones Geográficas de Indias - Perú", Tomo III, Biblioteca de Autores Españoles, Tomo CLXXXV, Editorial Atlas, Madrid, 1965, pág. 222).
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La segunda etapa edilícia de la Catedral corresponde a la reconstrucción ordenada por el Obispo Mons. Alonso de la Peña Montenegro, después del terremoto de 1660. En esta ocasión se la alarga por el Oeste uniendo las Naves laterales por detrás del Coro, abriendo una Portada hacia la Plaza. En este tramo se amplía la Sacristía y en edificio aparte se construye la Sala Capitular.
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En la tercera etapa, después del terremoto de 1797 que destruyó el centro del país, en especial la ciudad de Riobamba, aprovechando las obras de refacción arquitectónica se realizaron cambios en la decoración interior con un nuevo Coro. Según la tradición en esta mudanza participó el artista Caspicara, incorporándose pinturas de los maestros Manuel de Samaniego y Bernardo Rodríguez, desplazándose del Coro el gran lienzo del siglo XVII sobre el Tránsito de la Virgen, del artista Miguel de Santiago.
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En esta misma época se construyó al exterior el Templete de Carondelet, obra de estilo neoclásico fechada en 1807, en la que intervino el ingeniero militar español Antonio García llamado desde Popayán (Colombia en la actualidad) por el XX Presidente de la Real Audiencia, Don Luis Héctor, Barón de Carondelet, y el Obispo Mons. Cuero y Caicedo, propulsores de los arreglos y de las obras complementarias.
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En los terremotos de 1858 y 1859 --se destruyó la ciudad de Ibarra-- nuevamente sufrió daños la Catedral. En esta ocasión se vino abajo gran parte de la Torre, que solamente terminó de ser reconstruída en 1930, en un estilo diferente a todo el contexto --"el casco prusiano", debido a que el proyecto fue del arquitecto y sacerdote alemán Pedro Bruning.
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Con motivo del IV Centenario de la Fundación de Quito, el Cabildo Civil colocó en los muros externos de la catedral varias lápidas con los nombres de los primeros vecinos de la ciudad.
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A mediados del siglo XX se la volvió a intervenir. Se destruyeron, entre otros elementos, el artesonado de inicios del siglo XIX, que era copia del original de estilo mudejar del siglo XVI, y se añadieron los Arcos apuntados transversales de las Naves laterales, que destruyeron en gran parte una curiosa pintura mural que tal vez data del siglo XVII.

En los últimos años, a raiz de los terremotos de 1987, el Municipio de Quito ha realizado una profunda obra de restauración estructural con tecnologia de micropilotes.

Si a todo esto se añade la crónica pobreza del Obispado, se entiende la frase de un escritor que dijo que la Catedral de Quito era "la cenicienta de las Catedrales de América".
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(Nota - "Elogio de Quito", por Ernesto La Orden Miracle, Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1950).
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Texto tomado del artículo "Algunos Datos Históricos sobre la Plaza Grande y las Edificaciones circundantes", por Alfonso Ortíz Crespo, subdirector de Centros Culturales de la Dirección de Educación y Cultura del Municipio de San Francisco de Quito. Revista "Museo Histórico", del Archivo Municipal de Historia de la Ciudad de Quito, Número 60, Año 1993.

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